lunes, 8 de octubre de 2007

VIVIR ES SOÑAR, MORIR ES DESPERTAR...


Otra vez estoy atravesando la calle vieja, escrutando la repetición infinita de las vetustas casas de mi niñez. Enfrentándome con timidez al mundo y a sus submundos grotescos.
La soledad me acaricia con su manto gris. Me protege. Me enseña a despreciar todo lo que me rodea.
Hoy ha muerto alguien en el barrio y la mañana gris ya no puede estar mas gris.
Al pasar he mirado con el rabillo del ojo y he sentido la atmósfera de la soledad tibia como escalofrío. El vapor de las lágrimas consumidas, los arreglos de flores metalizados que representan a la gelidez inclemente e inexorable de la muerte.
He tratado de involucrar a mi radical antagonismo para pasar de largo como un rayo sin luz y no consolar a nadie porque creo firmemente en la inutilidad de estos rituales que no sirven sino para prolongar la tristeza y la angustia que causa la separación física de las personas que queremos.

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