
Pero pronto también escuchaba risas,que recalaban en las afueras de mi casa donde se prolongaba la cita con largas bancas de madera que decoraban la fachada. Los tragos baratos iban y venían por una ruta indescifrable de gente anónima. El café caliente le daba aires festivos a la cita y la suculenta y generosa comida que repartieron, termino por demostrarme que la única persona que sufrió realmente fue mi madre porque para todo el resto el velorio se había convertido ya en un festín.
Ahora estoy completamente seguro de que jamas quisiera terminar mi vida metido en una de esas cajas de mierda, salvo que haya una en forma de guitarra lo cual dudo mucho, pero bueno lo haría por dejar un pequeño aporte a la creatividad, total después de muerto ya no me importara mucho lo que hagan con la deplorable masa celular y huesuda que me sirvió para hacerme visible en esta historia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario