lunes, 8 de octubre de 2007

Quem dii diligunt, adolescens moritur


He regresado la vista derepente para observar a una niña que parece no entender nada de lo que esta pasando. Yo tampoco entendía muy bien cuando regrese una tarde como cualquier otra y vi la brillosa caja donde yacía el cuerpo inerte de mi abuelo materno y paternal, estacionado en medio de la sala y escoltado por cuatro velas gigantes y artificiales.
Me asustaba mas que otra cosa ver llorar a mi madre con tanto desconsuelo y aflicción. Los niños no tenemos la capacidad de entender porque puede doler tanto la muerte porque todavía no sentimos apego a los beneficios mundanos de la vida.


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