
Podría haber dicho tan solo
que me encanto escuchar tus últimas palabras...
Aquella noche volví a escuchar los silencios de tu voz y el rubor de tu sonrisa lejana que paso frente a mi soledad como un viento glacial que se pasea por la forma de la luna en una aventura nocturna y distante.
Hoy he vuelto a construir tu dulzura, al ritmo de cada una de tus palabras, que fueron guardándose en mi corazón como plegarias divinas del tiempo azul, del tiempo soñado donde habitaron alguna vez tus ganas de seguir riendo, tu fuerza por seguir creyendo y yo perdí el sentido de la existencia cada vez que no escribí mil historias con tu historia y fui amoldando como una escultura de cristal el sonido de tus lagrimas.
El camino es nocturno en esta ciudad azulada, creo sentir entre cada paso la melodía de tu ultima palabra y avanzo hacia el infinito donde tengo fe de perderte, donde vuelvo a encontrarte como la forma de un sueño que conjura la magia del sol y lloro en silencio como un poema invisible, como un poeta estupido que dormido perdió las palabras, cansado de esperar la rosa azul solitaria de sonrisas hirientes que me cuenta un verso de la luna de madrugada y me acaricia con sus labios, los besos que he soñado.
Esta madrugada te hablo de fe, te hablo de sueños, te hablo de los ojos de la ciudad azulada...
Lima 9 de febrero 2008
Zeva
que me encanto escuchar tus últimas palabras...
Aquella noche volví a escuchar los silencios de tu voz y el rubor de tu sonrisa lejana que paso frente a mi soledad como un viento glacial que se pasea por la forma de la luna en una aventura nocturna y distante.
Hoy he vuelto a construir tu dulzura, al ritmo de cada una de tus palabras, que fueron guardándose en mi corazón como plegarias divinas del tiempo azul, del tiempo soñado donde habitaron alguna vez tus ganas de seguir riendo, tu fuerza por seguir creyendo y yo perdí el sentido de la existencia cada vez que no escribí mil historias con tu historia y fui amoldando como una escultura de cristal el sonido de tus lagrimas.
El camino es nocturno en esta ciudad azulada, creo sentir entre cada paso la melodía de tu ultima palabra y avanzo hacia el infinito donde tengo fe de perderte, donde vuelvo a encontrarte como la forma de un sueño que conjura la magia del sol y lloro en silencio como un poema invisible, como un poeta estupido que dormido perdió las palabras, cansado de esperar la rosa azul solitaria de sonrisas hirientes que me cuenta un verso de la luna de madrugada y me acaricia con sus labios, los besos que he soñado.
Esta madrugada te hablo de fe, te hablo de sueños, te hablo de los ojos de la ciudad azulada...
Lima 9 de febrero 2008
Zeva