martes, 12 de enero de 2010

Hoy vengo a ser del barro a lo impredecible



De pronto una luz artificial se enciende
Como tratando de reemplazar al sol /
Y más bien se ve como una estrella decadente
Innecesaria, impotente, inútil y gastada /
Hoy como nunca antes, he visto la agonía de la tarde
O la batalla indefinida donde se impone la noche indómita /
Y veo morir a la tarde futil al ritmo de mi muerte;
La tarde que jamás volverá pienso en lágrimas /
Hoy siento el halito que emanan heraldos sin color
Que navegan por las aceras de las calles extrañas /
Que resuenan en los bosques de cemento
Como premoniciones del viento sesgado e invidente /
Como quimeras de un manantial en el crepúsculo;
Constelación fugaz que forma los destellos de tu nombre /
Bajo los algarrobos cenizos, como el rito de una profecía salvaje
He visto nacer tus ojos almendrados, como gotas de una lluvia de fuego /
Ahora nada puedo diferenciar porque el cielo se ha vuelto todo
Como un solo tiempo/
Como el recipiente de las cenizas
De los recuerdos que nos queman/
Que tan solo los últimos escultores del atardecer podemos descifrar/
He llegado a la conclusión en la agonía del atardecer;
Donde dan muerte irreversible a otra tarde/
Me ha recordado a mi propia muerte
Y he pensado, ó sentido la única forma de salvación
Contra las tribulaciones que me incineran
Cuando la teoría del olvido
Quedaba expuesta como una falacia tiránica del tiempo/
Que la había inventado para legitimar la teoría del recuerdo
Como la replica absurda y derretida del sol/
Que quiere dar luz a un mundo aciago y mezquino;
/
El resplandor de una vela de acero
Que trata de dar luz a la jaula de cemento
En el jardín de la insondable soledad
/
Hoy en el pequeño espacio abierto de la ventana
He construido mi propia muerte para siempre
He capturado un trozo de noche que conquista
Y me he llenado los bolsillos de su oscuridad/
Para no perder nunca tu aura de melancolía
Para saborear las cenizas de tu crematorio divino.

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