
El mundo es como una inmensa caja de sorpresas. Como una inmensa lámpara maravillosa donde todo lo que tiene una denominación o lo que podemos ver o talvez conocer en nuestra mente lo podemos alcanzar si así lo queremos.
Hoy parezco estar atrapado en la espesura de la soledad y no llego a percibir alguna opción de salida. El arma necesaria para intentar escapar y es que en realidad tampoco estoy seguro de querer hacerlo. Ese es un punto clave ¿quieres hacerlo? Estar por ejemplo en un bar a estas alturas de la noche. Revísate un momento y piensa en lo que realmente quieres. En eso consiste escaparse de la realidad y alcanzar cualquier sueño. Pues digamos que no se que es lo que realmente quiero en este momento. Aquí estoy bien, por ahora...creo, inventando cosas y ya recalando en el bar casi de madrugada. La luz es calida pero barata, débil, tímida como mi incursión. El bullicio de aquel lugar lo acerca a la ilusión de una ciudadela mágica suspendida en el tiempo. En una época de luces donde todo es posible. Nunca antes me había detenido a fijarme en las viejas paredes, en sus arrugas, eso me obligo a mirar de la cintura para arriba y el techo no parecía menos agrietado por el tiempo. Eso es lo mágico –pensé- la manifestación de los años de la vejez de las casonas de antaño. Pensé en la modernidad, que en realidad tiene muchos años de retraso en este país, pero que igual, cada vez se acerca mas con pasos agigantados al centro de la capital. Un atisbo de miedo me rozo la cara. En eso radica su magia -pensé otra vez- Nunca antes me había sentado al frente de mi botella de vino conversando con Martín de su vida exagerada, sin tomar apenas un sorbo ni hablar una palabra, porque estaba abstraído en mis cavilaciones y en las grietas de la casa de mi abuelo paterno, que ahora lo recuerdo mas cada vez que miro a mi padre.
Seguro que nunca en la realidad me detendría en tantas filosofías mundanas, porque estaría envilecido por el vino tinto, el humo de los cigarrillos y la chica que toma ron con Canadá dry con un señor mucho más viejo que ella y que seguro se la tiraría pornográficamente esta misma noche. Me detuve pensando en lo lindo que seria compartir mi vino sin helar con Bella. Ella no sabe mucho de literatura pero algo habrá leído, pensé yo. Recordé casi en el acto, la novela del cólera. Siempre quise que lea ese libro para soñar juntos, pero hasta ahora no lo había hecho y dudo que lo haría algún día. Todas estas cosas las puedo disfrutar más, ahora que las estoy inventando, porque el vino, si bien es cierto lo siento tan cerca que casi huelo su olor que me quema las narices, casi siento el sabor del corcho humedecido de tinto y puedo poner los colores que quiero a mi alrededor; hasta bella acaba de llegar y me dice que por fin logro terminar la única novela que ha terminado en su vida y que lo ha hecho para soñar juntos y se interesa por el ron con Canadá dry de la pareja de la otra mesa que parecen celebrar un ritual previo al sexo y yo me llevo la copa a los labios vertiginosamente porque no es lo mismo con ella a mi lado, pensando en que nuestro ritual también es maravillosos y es de vino sin helar porque yo lo he querido así y ya empezamos a soñar en medio de la casona vieja que ahora si, es mi propio universo porque todo lo que quiero esta aquí adentro, porque todo lo que le pedí al genio de la lámpara me lo ha concedido, porque aquí la noche nunca acaba, porque ya me escape de la soledad y porque me puedo quedar aquí para siempre si me da la gana. Porque aunque mi vida no es tan exagerada como la de Martín que ya se fue aburrido porque no le dije ni media palabra, me gustaría izar una bandera amarilla en el techo viejo de la casona, porque aquí con bella iremos una y otra vez sobre nuestros sueños navegando para siempre, para toda la vida...
Hoy parezco estar atrapado en la espesura de la soledad y no llego a percibir alguna opción de salida. El arma necesaria para intentar escapar y es que en realidad tampoco estoy seguro de querer hacerlo. Ese es un punto clave ¿quieres hacerlo? Estar por ejemplo en un bar a estas alturas de la noche. Revísate un momento y piensa en lo que realmente quieres. En eso consiste escaparse de la realidad y alcanzar cualquier sueño. Pues digamos que no se que es lo que realmente quiero en este momento. Aquí estoy bien, por ahora...creo, inventando cosas y ya recalando en el bar casi de madrugada. La luz es calida pero barata, débil, tímida como mi incursión. El bullicio de aquel lugar lo acerca a la ilusión de una ciudadela mágica suspendida en el tiempo. En una época de luces donde todo es posible. Nunca antes me había detenido a fijarme en las viejas paredes, en sus arrugas, eso me obligo a mirar de la cintura para arriba y el techo no parecía menos agrietado por el tiempo. Eso es lo mágico –pensé- la manifestación de los años de la vejez de las casonas de antaño. Pensé en la modernidad, que en realidad tiene muchos años de retraso en este país, pero que igual, cada vez se acerca mas con pasos agigantados al centro de la capital. Un atisbo de miedo me rozo la cara. En eso radica su magia -pensé otra vez- Nunca antes me había sentado al frente de mi botella de vino conversando con Martín de su vida exagerada, sin tomar apenas un sorbo ni hablar una palabra, porque estaba abstraído en mis cavilaciones y en las grietas de la casa de mi abuelo paterno, que ahora lo recuerdo mas cada vez que miro a mi padre.
Seguro que nunca en la realidad me detendría en tantas filosofías mundanas, porque estaría envilecido por el vino tinto, el humo de los cigarrillos y la chica que toma ron con Canadá dry con un señor mucho más viejo que ella y que seguro se la tiraría pornográficamente esta misma noche. Me detuve pensando en lo lindo que seria compartir mi vino sin helar con Bella. Ella no sabe mucho de literatura pero algo habrá leído, pensé yo. Recordé casi en el acto, la novela del cólera. Siempre quise que lea ese libro para soñar juntos, pero hasta ahora no lo había hecho y dudo que lo haría algún día. Todas estas cosas las puedo disfrutar más, ahora que las estoy inventando, porque el vino, si bien es cierto lo siento tan cerca que casi huelo su olor que me quema las narices, casi siento el sabor del corcho humedecido de tinto y puedo poner los colores que quiero a mi alrededor; hasta bella acaba de llegar y me dice que por fin logro terminar la única novela que ha terminado en su vida y que lo ha hecho para soñar juntos y se interesa por el ron con Canadá dry de la pareja de la otra mesa que parecen celebrar un ritual previo al sexo y yo me llevo la copa a los labios vertiginosamente porque no es lo mismo con ella a mi lado, pensando en que nuestro ritual también es maravillosos y es de vino sin helar porque yo lo he querido así y ya empezamos a soñar en medio de la casona vieja que ahora si, es mi propio universo porque todo lo que quiero esta aquí adentro, porque todo lo que le pedí al genio de la lámpara me lo ha concedido, porque aquí la noche nunca acaba, porque ya me escape de la soledad y porque me puedo quedar aquí para siempre si me da la gana. Porque aunque mi vida no es tan exagerada como la de Martín que ya se fue aburrido porque no le dije ni media palabra, me gustaría izar una bandera amarilla en el techo viejo de la casona, porque aquí con bella iremos una y otra vez sobre nuestros sueños navegando para siempre, para toda la vida...
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